La quimera del referéndum

Un referéndum no es necesariamente la mejor forma de afrontar un problema

Foto de Element5 Digital / Unsplash

>>> Este artículo contiene fragmentos del libro «No Somos Enemigos», de pronta publicación <<<

BARCELONA, 1 de Octubre de 2021 / Adam Casals

«Deberían preguntarse los líderes independentistas por el daño que causan a la imagen exterior, cuando medios internacionales ponen de manifiesto la falta de calidad democrática del secesionismo; cuando se equipara el nombre de Cataluña — antaño sinónimo de dinamismo, innovación y vanguardia — , y en consecuencia el buen nombre de España, con actitudes ‘salvajes’, decisiones ‘fuera de lugar’ y ‘colapso constitucional’»

El Brexit y sus consecuencias

Un referéndum no es siempre la mejor solución a un problema. En el momento de escribir este artículo, Gran Bretaña se encontraba en una profunda crisis de desabastecimiento, cuya mayor manifestación pública se producía en largas colas frente a gasolineras y mostradores enteros vacíos en los supermercados de la isla. En The Guardian, Jonathan Freedland apuntaba a que «la causa de la escasez de comida y carburantes es el Brexit, aunque nadie se atreva a decirlo. (..) Es tentador [para los que querían quedarse en Europa] afirmar ahora: ‘Ya os lo dijimos’, aunque, en todo caso, la ‘campaña del miedo’ proyectó una imagen bastante menos apocalíptica» que la realidad.

1 de Octubre de 2017

En Cataluña, cumplidos cuatro años de los hechos del 1 de Octubre de 2017, El Periódico publicaba que el referéndum «nunca buscó la independencia». El reportaje de Fidel Masreal, Xabi Barrena y Júlia Regué concluía que Carles Puigdemont y Oriol Junqueras pretendieron «forzar una negociación» con la consulta, y que «internamente se asumió que la DUI [declaración unilateral de independencia] nunca se haría efectiva». Es decir, un brindis al sol en toda regla que aceleró la carrerilla hacia el precipicio del 27 de Octubre.

No supieron, ni quisieron pararse entonces. Ha pasado el tiempo y sin embargo, «los dirigentes independentistas manifiestan una alarmante falta de aceptación del pluralismo inherente a las sociedades democráticas, la negación de la legitimidad de las opiniones ajenas y una clara voluntad correctiva», en palabras de Astrid Barrio. En cuestión de semanas, Junqueras se mostraba dispuesto a «volver a la cárcel si hace falta» por la independencia, y Puigdemont protagonizaba un accidentado viaje a Cerdeña. Sin embargo, en Italia tenían claro que «Puigdemont no es Mandela, sino un Bossi posmoderno». Así lo titulaba Steven Forti para RollingStone, destacando que «los independentistas no tienen ni remotamente una mayoría social, buscan apoyos en Rusia al estilo de Savoini y Salvini, tienen buenas relaciones con los aliados de la Europa de Meloni, (..) sueñan con una república donde no existe la separación de poderes y fundan una institución sin la más mínima democracia interna».

En Escocia, un escaparate al mundo

Finalmente, este 31 de Octubre Madrid podrá pasarle el testigo a Glasgow en la organización de la Conferencia sobre el cambio climático de las Naciones Unidas, en lo que será el COP26. Debido a la crisis desatada en Chile, la capital de España albergaba la última edición en Diciembre de 2019. Ahora, el foco mediático se dirigirá al Reino Unido, convertido en escaparate privilegiado de un país ahora más aislado y debilitado por los efectos del Brexit, necesitado de noticias positivas y protagonismo. Una ocasión perfecta para que los nacionalistas escoceses intenten acaparar una parte de la atención. De ahí el anuncio veraniego de su presidenta, Nicola Sturgeon, sobre un segundo referéndum de independencia para Escocia. No será inminente: en los acuerdos de gobierno con el partido verde, es una mera declaración de intenciones a realizar durante los próximos cinco años. «No hay nada radical», titulaba Kevin McKenna en The Herald.

Un referéndum que, además, tendrían todas las de perder. Desde 2015, el NewStatesman realiza un seguimiento de las distintas encuestas entorno a la independencia. En los últimos siete años, el “No” ha ganado siempre — excepto en el período entre Junio de 2020 y Marzo de 2021, marcado por la peor fase de la pandemia y la incertidumbre en las exportaciones a la UE — . Anticipando esa tendencia, desde 2016 el barómetro sociológico escocés Scottish Social Attitudes dejó de preguntar sobre «el estado del nacionalismo en Escocia». Entonces, el estudio concluía que «podría no ser el mejor momento para que el SNP [Partido Nacional escocés, en el gobierno] realice un segundo referéndum».

“Los escoceses opinan que el ‘indyref 2’ nos dividiría aún más”. Gráfico: Scotland in Union, datos Survation.

La voluntad resuelta de los escoceses

En Septiembre, The Scotsman titulaba que el 52% de los escoceses se pronunciaban en contra de la celebración de un segundo referéndum de independencia. En Marzo, un 57% opinaba que un ‘indyref 2’ causaría una mayor división en la sociedad. Además, en Otoño, entre el 51,8% y el 54% se decantaba por el «No», una preferencia que impediría cualquier intento de secesión. En 2014, ganó el «No» con un claro 55% de los votos.

Las vaguedades en las recientes declaraciones de Sturgeon, en las que aseguraba «reafirmar en este acuerdo nuestro compromiso compartido para asegurar la independencia», parecían adrede. En Abril, la líder escocesa afirmaba «creer» que Boris Johnson «no se opondría» a un segundo referéndum si el SNP ganaba con mayoría absoluta las elecciones regionales. Westminster había afirmado todo lo contrario; y además el SNP fracasó en ese objetivo. En Mayo conseguía 64 mandatos de 129, lejos de los 69 de Alex Salmond en 2011. «La falta de mayoría del SNP demuestra que Escocia no está pidiendo un referéndum», titularía el Belfast Telegraph citando al Ministro de la Oficina del Gabinete, el conservador Michael Gove. En Agosto, lo remachaba afirmando que su Gobierno no se opondría a tal medida si esa fuere la «voluntad resuelta» de los escoceses, y que en cualquier caso eso no ocurriría antes de las elecciones generales en el Reino Unido.

Precisamente, en 2019 Katy Balls auguraba en The Spectator que un segundo referéndum vería renacer a los conservadores escoceses, junto a las ansias de permanecer unidos. Entretanto, los nacionalistas aseguran haber conseguido ahora la mayoría del voto independentista, y que eso les daría un mandato para.. ¿Les suena? Sin embargo, los resultados de las elecciones conllevaron la fragmentación en tres de sus expectativas, con la entrada de los verdes y la dispersión de voto hacia la nueva lista de Salmond, que no consiguió representación en Edimburgo.

Una difícil batalla legal

Si Sturgeon acabara forzando el llamado ‘indyref 2’, la batalla legal estaría servida. La Unidad de derecho constitucional del Departamento de Ciencias Políticas del prestigioso University College de Londres ha consultado a varios expertos. Con la ley en la mano, el Gobierno británico puede rechazar las pretensiones escocesas. Un «referéndum salvaje como el experimentado en Cataluña en 2017» estaría «completamente fuera de lugar», más allá de la «dudosa legitimidad» de una medida adoptada unilateralmente, afirma la profesora Aileen McHarg, de la Durham Law School. En The Independent, Adam Forrest alertaba sobre el peligro para Escocia de un «colapso constitucional al estilo de Cataluña». Coincidía con la tesis del Institute for Government, que advierte sobre un «referéndum no autorizado que podría bloquearse desde el Tribunal Supremo o simplemente ser boicoteado por los partidos unionistas». McHarg lo tiene claro: «El único camino realista es aquel que sea legal en el marco del presente orden constitucional».

El profesor Ciaran Martin, director de la Oficina del Gabinete entre 2011 y 2014, jugó un rol clave en la negociación del referéndum de 2014. Ahora, predice una situación de «estancamiento». El gobierno de Sturgeon «perderá muy probablemente cualquier batalla legal sobre otro referéndum».

Por su parte, el Dr. Alan Renwick, director de la Unidad en el UCL, reflexionaba sobre la baja calidad democrática del referéndum de 2014, cuando los electores tuvieron que responder a una «pregunta binaria» con muchas cuestiones no resueltas — por ejemplo, en lo relativo a la pertenencia a la UE o la divisa — , con lo que la elección se tuvo que basar en «una decisión que no estaba completamente informada».

« Sería conveniente restablecer el estatus del Reino Unido en Escocia mediante una mejor financiación, contemplando asimismo y con anchura de miras el funcionamiento de la Constitución »

Para acabar con el estancamiento al que se refiere Martin, el editor político James Forsyth aludió a la conveniencia de «reestablecer el estatus del Reino Unido en Escocia» mediante una mejor financiación de las competencias devueltas, contemplando asimismo una «revisión con anchura de miras sobre el funcionamiento de la constitución británica en su conjunto», por ejemplo mediante una Real Comisión a establecer hacia el final de la legislatura.

El interés limitado de Escocia por Cataluña

El anuncio de Sturgeon no tuvo apenas repercusión en medios británicos o internacionales. Sin embargo, el ecosistema de medios nacionalistas catalanes se apresuró a destacar la noticia, con más insistencia incluso que en la propia Escocia. Contrasta esa efervescencia con la falta de reciprocidad desde las ‘Highlands’, como destacaba Lluís Bassets en Política&Prosa. «Los gobiernos escoceses han demostrado un interés limitado en el hermanamiento con el secesionismo catalán. Por cuestiones de método: la vía legal y el rechazo del unilateralismo en contraste con el rupturismo catalán».

«Ha pasado mucho tiempo y es preciso rectificar»

Ha llovido tanto desde los errores de 2017, y sin embargo Quim Torra reclamó hacer efectiva la «defensa de la república en la calle y el control del territorio» como única vía hacia la independencia, en un nuevo e irresponsable llamado al uso de la violencia, algo ya recurrente en un determinado secesionismo. Sin embargo, la independencia es minoritaria y pierde fuelle, sobretodo entre la gente joven. Deberían preguntarse los líderes independentistas por el tremendo daño que causan a la imagen exterior de nuestro país, cuando expertos constitucionales y medios anglosajones equiparan el nombre de Cataluña — antaño sinónimo de dinamismo, innovación y vanguardia — , y en consecuencia el buen nombre de España, con actitudes «salvajes», decisiones «fuera de lugar» y «colapso constitucional»; cuando medios internacionales ponen de manifiesto la falta de calidad democrática en el movimiento secesionista.

Ha pasado mucho tiempo y es preciso rectificar. «Si una acción política masiva por alguna causa con la que simpatizo sé que provoca desamparo, frustración e incluso miedo a la mitad de mis conciudadanos —a una mitad, además, socialmente más modesta—, jamás presumiría de tal movilización y me replantearía la causa». Sabias palabras de Ignacio Molina desde el Real Instituto Elcano. En la Cataluña de 2021, con todo lo sucedido, un referéndum binario y mal informado no es la forma de resolver nada.

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